martes, 12 de julio de 2011

EL CORAZÓN NO FALLA




El día en que tu tía se fracturó la cadera, comprendí una vez más, pero con mayor virulencia, que la vida estaba mal hecha, o que la habíamos hecho mal, lo cual es aun peor.

Las dos tardes que pasé con ella en el hospital me angustiaron al pensar qué destino me encontraría al final de mis días. No por ella, que estuvo aceptablemente atendida, sino por el triste espectáculo que pude descubrir al ir pasando mi mirada por el interior de las habitaciones, una a una.

En bastantes de ellas se encontraba un octogenario solo y moribundo. Desahuciado, enjuto, pensativo, pero sobre todo solo. Era una pena ver una habitación terriblemente desierta, únicamente habitada por el que ya reconoce que su vida se extingue, que su existencia se acaba.

Luego pensé que la mayoría de estos ancianos podrían llevar varios meses en esta situación, y eso, hoy en día, no hay familia que lo soporte: hombre y mujer trabajando, y unos niños en el colegio. No hay tiempo para nada. No nos engañemos. Y esto lo hemos hecho entre todos. Cada uno con  su gramo de egoísmo. Que aunque es poco, casi imperceptible, grano a grano… pues que uno estorba hasta para morirse.

Afortunadamente tengo en los genes una amplia proporción de fallecimientos por infarto. Lo viví con mi padre y con mi abuelo, me lo contaron con mi bisabuelo. Me alegro. Un infarto cuando te da, o te mata, o si te deja vivo, a los tres o cuatro días, a la semana como mucho, te mandan para casa. No se convierte en un lento goteo de interminables días en un hospital esperando a la señora de la guadaña, como con las fracturas, las demencias, las insuficiencias, las infecciones... Con los infartos todo es más rápido. Casi inmediato.

Espero que no me defraude el corazón en el último momento. No quiero ser una carga para mis descendientes. Un inconveniente para sus vidas. Apuesto por un final cardíaco. Sin largas despedidas. Como mi padre. Tranquilamente andando por la calle, se murió en el instante. Y es que cuando el corazón falla, no falla. Así sea.


Nota: Lo siento, seguro que alguno, atraido por el título, esperaba encontrar un argumento más romántico, pero otro día será.

4 comentarios:

Ángela dijo...

Te deseo lo mismo, de todo corazón. Yo, desgraciadamente, creo que seré de los otros, de los que estorban. Ay.

Teresa, la de la ventana dijo...

No es mala muerte ésa, desde luego. Lo malo es que no puedes despedirte de quien quieres, y el trago que supone para ellos, pero quitando eso, yo también firmaba.

Paco Principiante dijo...

Ángela, no soy ni mucho menos defensor de la eutanasia, es más, pienso que por muy, muy, muy deteriorada que esté una persona, aun sigue conservando intacta toda su dignidad, pero hay estados en los que no me gustaría verme. Sobre todo, por miedo a no poder valerme por mi mismo, y sentirme sin ayuda.

Paco Principiante dijo...

Teresa, como ya he contado, yo lo viví con mi padre, y es cierto que te falta una despedida (casi la principal, la última), pero en esta cuestión, tú ya lo debes saber, todas las despedidas del mundo saben a poco...