viernes, 7 de junio de 2013

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD



Esta mañana, para celebrar que por fin habíamos llegado al Viernes,  me he propuesto desayunar sano, tal como aconsejan en la TV. Así que he abierto la nevera, y en lugar de algún bollo, he sacado de la parte baja una manzana roja y reluciente. Me disponía a retirar la piel, pero en un arranque más saludable aun, he comenzado a mordisquear su cáscara carmesí, clavando mis incisivos en busca de sus beneficiosas vitaminas y demás propiedades.

 

Su crujido ha sonado a música celestial. La pieza desgajada se ha deshecho en mi boca y un caudal de frescura ha entrado por mi garganta. Ya había iniciado el segundo mordisco, cuando me he parado a reflexionar en lo trajinada que está la imagen de la manzana.

 

Me ha venido a la mente el acongojado hijo de Guillermo Tell, que por un momento pensó que la última imagen que se llevaría de esta vida sería a su padre disparándole una flecha entre ojo y ojo, mientras mantenía una temblorosa manzana sobre su cabeza.

 

Luego he pensado en Blancanieves, engañada por unas apariencias tan cándidas como la de una manzana y una ancianita encorvada. Fue morder la fruta y caer desplomada para desesperación de los enanos.

 

Me he acordado luego de la manzana que depositó Eris en la boda de los padres de Aquiles, y que provocó la discordia entre los aqueos y troyanos, y por extensión, del casi interminable regreso de Ulises a Itaca.

 

Y he caído en la cuenta que por un capricho femenino y una necedad masculina, algo que por cierto aun no ha variado, una serpiente que estaba de okupa en un manzano nos amargó la existencia al resto de la humanidad. Nos despidieron del Paraíso.

 

El hecho es que se me han pasado las ganas de tomarme la manzana. Hasta he tenido la sensación de que me podía caer “malamente”. Me he tragado lo que ya tenía en la boca, por compromiso, pero el resto, intentando alejarlo lo más lejos posible de mi, lo he arrojado por la ventana de la cocina.

 

He comprobado que una manzana, este o no mordida, continua obedeciendo las Leyes de la Gravitación Universal. Y para regocijo de Isaac Newton ha debido precipitarse contra algún viandante, a juzgar por los exabruptos que he oído.

 

No he prestado demasiada atención, hasta que a los veinte minutos se han personado dos agentes de la autoridad en mi domicilio con un señor rechoncho, bajito y calvo -debe ser por eso de la atracción de las masas-, y con el parietal derecho abultado y amoratado. No paraba de lanzar improperios escoltados por los policías.

 

Y ahora estoy aquí, en el calabozo de la comisaría, escribiendo esta nota y confirmando que una manzana, la mires por donde la mires, no es una fruta especialmente saludable. A los hechos me remito.

 

6 comentarios:

XuanRata dijo...

Hombre, Paco, una cosa es comer la manzana con piel y otra metérsela pa dentro con toda su literatura, esa cosa tan indigesta.

Gracias por la sonrisa.

Un abrazo.

Paco dijo...

A ver si vas a tener razón, Xuan, y lo que tengo es un empacho de literatura.

Un abrazo.

Rafael dijo...

La maldad de la manzana está sobredimensionada. A la pobre le han colgados algunos sambenitos injustos, como el de ser la fruta prohibida. En realidad, en el Génesis no especifica de qué clase de fruto mordieron Adán y Eva.

Un abrazo.

Paco dijo...

Cierto, solo que era el arbol del bien y del mal. ¿Por qué entonces la manzana? ¿Tú lo sabes?

La verdad es que está buenísima.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Steve Jobs no estaría muy de acuerdo con tu pensamiento de la manzana.
Fundó una empresa denominada Apple, cual logotipo es una manzana mordida.
Bien es cierto que le reportó, dinero, fama, revolución en las tecnologías, ¿quién no tiene un móvil hoy?.
Aunque puede ser que lleves razón, con el tema de la manzana, murió Steve Jobs de una grave enfermedad.
Me parece a mí que no voy a comer más manzanas.
besos Hermano.

Paco dijo...

Y los Beatles con su sello discográfico.....

Un beso, sibling