jueves, 16 de enero de 2014

HOMO






Saqué estas fotos el día de Nochebuena. Es Malabo, el macho dominante de la familia de gorilas del Zoo de Madrid. Lo que más me llama la atención de él es la expresión humana que tiene: en general de todos los simios, en particular de los gorilas y chimpancés (bonobos incluidos), y en concreto, para esta vez, de la suya. Los humanos nos centramos tanto en nuestras propias vidas, en nuestras preocupaciones, en el artificial mundo que hemos creado, que nos olvidamos que ellos y nosotros somos primos quizá no tan lejanos.

 

 
 
 
 
 


Me sobrecoge cuando nos miramos a los ojos. Me ha pasado de siempre. Cuando era niño mi abuelo me llevaba diariamente al Zoo de Jerez. Estaba muy cerca de casa. Había otro gorila solo en una jaula, casi a la entrada. Daba palmas cuando pedía comida y todos acudíamos a obsequiarle con cacahuetes. Cuando se los comía, volvía a aplaudir. A pesar de contar con apenas siete años, recuerdo preguntarme sobre quién era el que de verdad tenía enseñado a quién. Era con el animal que más tiempo permanecía. Me gustaba no perder un detalle de sus movimientos, de sus gestos, de su semblante. Sé que me reconocía. Solo había que verle la cara para adivinar que yo era de los frecuentes.

 

 

 

Me siento extremadamente cercano a ellos. Me puedo pasar horas mirándolos. En realidad nos podemos pasar horas observándonos, porque me he dado cuenta que ellos también se fijan en mí. Nos curioseamos: cuando me llevo más tiempo del habitual compruebo que nuestras miradas se cruzan de otra forma. A veces me ignoran, aunque sepan que estoy ahí, al otro lado del cristal. Y otras se me acercan tanto que siento como si me aceptasen en su mundo. Me he vuelto adicto a esta sensación. Es emocionante. No puedo decir otra cosa.

 

 

 

10 comentarios:

Rafael Hidalgo dijo...

Yo experimenté esa impresión en Cabárcenos, con los gorilas que hay allí. Verdaderamente tienen una mirada casi humana. Impresiona hasta el punto de que inspira piedad verlos allí encerrados.

Un abrazo.

giovanni dijo...

Te comprendo. Imagínate que hicimos lo mismo, tú y yo por ejemplo, mirarnos de esa manera y no decir nada. Y, tal vez, después sólo leer lo escribió el otro (yo en mi ejemplo) sobre ti y al revés. Podría ser un experimento interesante entre dos personas que no saben nada del otro e incluso para dos personas que piensan que se conocen muy bien.

Un abrazo

Paco dijo...

No sabía dónde estaba Cabárcenos. He investigado y habrá que pasarse por allí...

Un abrazo, Rafael.

Paco dijo...

Cuando era niño pensaba que algunos animales eran más "sapiens" que nosotros, solo que disimulaban y no lo contaban para ver qué hacíamos.

Si Malabo pudiese leer esto....


Un abrazo, Giovanni.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Os he leído con gusto.

Un abrazo

Paco dijo...

José Luis, no puedo evitar pensar en lo que haces cuando cuelgo en este blog fotos que, como estas, he hecho yo mismo.

Un abrazo!!

XuanRata dijo...

Ese estudiado gesto de pensador: ¿será, como las palmadas aquellas, un cebo ensayado para fotógrafos? ¿O realmente se aburre tanto que no ha tenido más remedio que ponerse meditar? En cualquier caso a mi también me pasa como a ti y siempre he pensado que más que primates son (somos) primotes.

Un abrazo.

Paco dijo...

Malabo es un coqueto, así que no me extrañaría nada que tuviese sus poses ensayadas.

Un abrazo, primo.

Anónimo dijo...

Curiosa entrada. Me recuerda tantas cosas que me hace sonreír.

Hacía muchos que no visitaba el zoo. Estuve hace unos días acompañando, a un grupo de chavales un poquito retrasados. Malabo y ellos se quedaron prendados entre sí. Durante medía hora nadie se movía de allí. Malabo, se sentía admirado y, paseaba antes ellos una y otra vez. Los gritos de los chicos le atraían enormemente, A la vuelta y a pesar de haber visto tantos animales más, el recuerdo del gorila es lo que más les marcó.

Hablas del zoo de Jerez. Cuando yo era pequeña iba en verano a Chipiona y Cádiz y era visita obligada una tarde en el Tempú.
Aún me queda, en el dedo corazón, la huella de pillarme la mano con la puerta del coche de mi padre a la salida del zoo.

Aquí, en Madrid, estaba una horrible, Casa de fieras, en el Retiro. El zoo de Jerez era un lugar muy bonito comparado con el de aquí.

Años que no voy a Jerez, muchos años ¿Sigue el Tempú?

Saludos y gracias

Luna


Paco dijo...

Me alegra que sonrías.

El Tempul,o como le decimos allí: "Tempú",continua abierto. Ahora le han colocado la entrada por uno de los laterales. Se ha modernizado un poco, pero a mí me sigue pareciendo tan bonito como siempre, pero soy bastante subjetivo en esto.

Tendrías que volver algún día por la provincia.

Saludos.