martes, 10 de septiembre de 2013

AMO DE CASA


Llevo toda la mañana solo. La casa, a esta hora y sin nadie, parece otra.

 

He guardado los libros que quedaban por ubicar. Por fin he ordenado mi mesita de noche. Parece otra.  Sí. También parece otra.

 

El lavavajillas está a rebosar. Me gusta apilar lo máximo posible los cubiertos en su interior. No queda espacio ni para una cucharilla más. Meto una pastilla. A funcionar.

 

Luego tiendo la lavadora que dejaste puesta. Saco toda la ropa primero y luego la voy colocando según un extraño ritual que voy improvisando.

 

Las camas están medio hechas, pero no me esmero demasiado en adecuarlas. Las dejo medio presentables. Ya está.

 

Paso el aspirador.

 

Le he perdido el miedo a la plancha. Por fin. Años después. Pero da calor.

 

No sé que preparar. Algo fresquito. Saco tomates de la nevera, queda algo de pan duro. Aceite virgen extra, ajo, sal, huevos; dejo el salmorejo enfriándose.

 

Termino de recoger lo poco que queda. Estoy deseando sentarme.

 

Me llamas diciéndome que en quince minutos llegas.

 

Cuarenta y dos minutos después escucho el ascensor acudiendo.

 

Me atuso el pelo, ensayo sonrisa, y pongo mis pasiones treinta segundos a máxima potencia en el microondas.
 
 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese no serás tú???? chaval

Paco dijo...

Era una pesadilla.... chaval

José Luis Ríos Gabás dijo...

Ama de casa sería bastante parecido, salvo, quizás, el extraño ritual de tender la ropa. Mi mujer tiene uno de lo más preciso que, con el tiempo, he aprendido yo también. He tardado mucho en reconocer que es mejor que cualquiera que yo proponga.

Un abrazo

Paco dijo...

Para tender, y sobre todo para colocar los cubiertos en el lavavajillas, si que cada maestrillo tiene su librillo.

Lo mejor, dejar hacer.

Un abrazo José Luis.

Rafael Hidalgo dijo...

¿Pesadilla? No, su nombre es "amor".

Un abrazo.

Paco dijo...

Desde luego. Lo de la plancha es solo por ese "amor".

Un abrazo.