domingo, 11 de diciembre de 2011

EL MINUTO DE GLORIA DE MARIBEL



A pesar del título ya no recuerdo su nombre. Fue en Rota, en una de esas fiestas de verano del último curso de la antigua EGB. Todos queríamos bailar con ella. No era dulce ni hermosa, pero esa cálida noche no tuvo tiempo de sentarse. Reía ilusionada al ver que uno tras otro la sacábamos a la zona de baile que habíamos improvisado en la terraza de unos amigos. Ni siquiera yo, tan poco dado a la danza, pude evitar la tentación.

Aquella niña gordita no paraba de moverse. Yo veía en su rostro una expresión de satisfacción. Una felicidad ingenua, como casi todas.

La reina de la noche, de esa noche, se había colocado una faja para estilizar la figura de su cuerpo obeso. Y nosotros, infames adolescentes de malicia simplona, solo pensábamos en mofarnos de ella.

Todos tentamos bajo la fina tela de la camisa de cuadros un tejido apretado comprimiendo las carnes en sus caderas, mientras resistíamos la risa. Las miradas cómplices, los comentarios y las burlas, fueron el oculto argumento de esa noche.

Finalmente la fiesta concluyó y cada uno marchó hacia su casa. Mi mejor amigo y yo la vimos de lejos bajar la calle oliendo la madreselva y la dama de noche de las paredes. Nos miramos y reconocí en su rostro el mismo remordimiento que me calaba el pecho. Supe que a él le sucedía lo mismo. Pero no hicimos nada. Intenté sacudirme la culpa como un incómodo insecto. Pero desde entonces no me he librado de ella, aun la llevo conmigo y a veces me brota.

No sé que habrá sido de ella. A menudo rememoro este episodio. Cuán cruel puede llegar a ser la vida. Como una tragicomedia. Tampoco sé si donde esté ahora lo recordará tanto como yo, y si, alguna vez con el tiempo, cayó en la cuenta del secreto motivo de su triunfo. Quizá esa noche, cuando regresó a su casa y de una vez pudo suspirar hondo, pensaría ilusionada que su elección le había conducido al éxito. Su noche de gloria se debía efectivamente a aquella prenda que ahora descansaba sobre la silla de su habitación. Pero es que hasta la verdad es a veces la más embustera.






5 comentarios:

Ángela dijo...

Es posible que Maribel supiera mejor que nadie lo que se cocía, y que cuando se marchó a su casa y se quitó la faja, se riera de todos vosotros, que como tontos os dejasteis llevar por el truco. ¿Se te ha ocurrido pensar que no fuisteis vosotros los que os burlasteis de ella, sino ella de vosotros? Que ella, poniéndose una faja, una simple faja, bailó con todos los chicos. Es decir, que os demostró que podía bailar con todos, que podía haceros bailar con ella, que de un modo u otro, os tenía bajo su control.

Jesús Miramón dijo...

He entrado en los comentarios para hablar de la crueldad, de que debemos superarla sin quedarnos sólo con los malos recuerdos, y me encuentro con el comentario de Ángela, que le da la vuelta a la historia. ¿Y si ella tuviera razón? Eso sería más benéfico para ti y tu amigo, y , más importante todavía, para aquella chica.

Paco Principiante dijo...

Jajajajaj
Ángela, te juro que esa opción nunca se me habría pasado por la mente. Ese cerebro suelto maquinando que tienes no tiene precio. Eres la Agatha Christie de esta historia. Somos los cazadores cazados. Gracias por librarme de esa culpa. Me queda una posibilidad de que la VERDAD fuese como tú la cuentas, y esta vez sería, no solo embustera, sino tramposa (pero útil).

Jesús, nos ha dejado planchados Ángela, no? Las mujeres tienen ese más allá que los hombres ni siquiera sospechamos. Puede que tenga razón. ¿Y si fue una apuesta con el resto de las amigas, que era capaz de que todos la sacásemos a bailar? Mira por donde, como tú dices, acabamos de quedar absueltos, aunque sea a costa de dejarnos como bobos (que es lo que menos me importa, sinceramente).

Un abrazo a ambos.

Silvia dijo...

(torpe vengo de las vacaciones, Paco Principiante, a lo mejor me sale el comentario repetido)

Te decía yo en un comentario que debe de andar por el limbo que será cosa de los estrógenos porque, aunque esté feo feo decirlo, yo pensé lo mismitico que Ángela.

Ahora, yo no os absuelvo: la posibilidad de que Maribel se burlara de vosotros no borra el hecho de que fuerais malotes con ella.

Me ha encantado la historia. la imagen de la faja vengativa / inocente en la silla es tremenda.

Paco Principiante dijo...

Nada, que nos quedamos culpables.

Y encima, se "quedó" con nosotros.

Gracias Silvia.